martes, 25 de junio de 2019



Leyó todos los cuentos y no se creyó ninguno.
Le bastaba una mirada para enamorarse.
Unos ojos que sostuvieran los suyos durante unos segundos.
Una voz .
Un olor.
Unos versos escritos sin sentido.
Un abrazo silencioso.
Creyó en la magia de las personas.
Y eso la salvó.

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  Ningún otro día volverá a ser hoy. Ningún otro marzo será como este. Pero todos los años florecerán las glicinas.